El mejor Otoño en años

Hoy desperté muy cansada, me costó 45 minutos salir de las sábanas y eso porque mi media naranja como un dulce reloj me daba un beso o un abrazo cada tanto mientras se arreglaba para salir, susurrando el avance de los minutos como una sentencia fatal.



Entro a la ducha con los ojos cerrados esperando que el golpe del agua acelere el proceso. Para cuando eso sucede ya habían pasado 20 minutos más. Miro el noticiario y de pronto me doy cuenta que tengo apenas 10 minutos para salir si no quiero llegar retrasada y no me he vestido aún. En tiempo récord me pongo una tenida ya probada (no queda tiempo para armar combinaciones nuevas), me tomo el pelo mojado en un tomate, lanzo las cosas al bolso y salgo. Una vez fuera del edificio noto que mi tenida en realidad no está acorde a la temperatura del día y con el pelo mojado (empapado) me congelo, sin embargo un vistazo breve al reloj anula cualquier tentativa de volver a cambiarme.

Helada y con muchísimo sueño aún noto el tráfico abundante en la esquina y decido cruzar por el Parque hasta el metro porque voy con la hora justa. Mientras camino pienso que necesito urgente vacaciones, que tengo demasiados proyectos, que he dormido 4 horas diarias en promedio esta semana, que tengo demasiado frío, que me carga el invierno.

El metro demora, algún accidente tal vez, que ya nadie se molesta en explicar y tardo 18 minutos en 2 estaciones. En la combinación el alto parlante anunciando como de costumbre que existe un retraso en la línea y la estación rebalsa, calculo que no me subiré al carro al menos hasta el próximo o el siguiente tren. Llamo al trabajo para avisar, "Los proveedores están por llegar" me señalan... "Que pasen y esperen en mi oficina, voy pronto". Pienso en que al menos debí peinarme un poco más.

Cabeceo de pie el resto del trayecto y recuerdo que con el apuro dejé conectado mi disco duro al Macbook, ojalá no necesite esos archivos hoy.

Salgo del metro casi corriendo y el golpe de frío afuera me recuerda mi pelo mojado. Camino pensando que ya no tengo tiempo ni para comprar algo que parezca un desayuno. Avanzo tan distraída que casi tropiezo con una señora que podría ser mi abuela, que con un maravilloso abrigo beige, unas altísimas botas de cuero, boina y cartera, recoge hojas secas en la vereda.
Me mira y me lanza una mirada cómplice y mostrándome la que tiene en la mano me dice: "Estas hojas son maravillosas", luego levanta la vista al entorno y sentencia dichosa: "Este es el mejor otoño en años".

Sonrío. Observo con detención a mi alrededor y en efecto las hojas caídas tienen matices rojizos en los bordes, de hecho la calle parece una cuadro clásico de otoño, con las hojas arremolinadas revoloteando a poca altura y todo teñido de amarillos, anaranjados y rojizos.

No es cierto que haga tanto frío y mientras retomo mi ruta me doy vuelta a mirar a la recolectora cada tanto. Ahora pienso que debí haberle dado las gracias.

Comentarios

  1. Otoño es lejos mi estación favorita del año, no me deja el bronceado camionero del verano, ni las alergias de la primavera o los resfrios del invierno.
    Este Otoño ha sido un poco más frio que otros, pero nada que no pueda soportarse.

    Las incomodidades del metro duran toooooooodo el año, las hojas tricolores solo 3 meses promedio jajajaja

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  2. Soy mujer de invierno. Me gusta por sobre muchas, muchas cosas. Así que el otoño me gusta por defecto: anuncia la llegada del tan esperado Invierno.

    Mil gracias por tu comentario en mi blog, ¡ha sido un gusto leerte!

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