viernes, 22 de enero de 2016

Finales y principios #paciencia

"..hoy camino lento, pero llego más pronto"
Victor Hugo Menacho Moreno



Lo más importante que aprendí el 2015, es que hay situaciones que van más allá de mi control, y que habrá veces, que aunque ponga todas las ganas, las cosas no saldrán como tenía proyectado. Y no es la vida con planes mejores para mi, es la vida no más, los límites humanos.

Cuando algo así sucede no hay que romperse la cabeza tratando de insistir en transitar un camino atravesado por un muro. Darse de porrazos o cabezasos contra las paredes no aporta nada. Mientras antes enfrentemos los hechos y busquemos la ruta alternativa, mejor.

Y no hablo de renunciar, hablo de ser realista. Si las ciencias exactas dicen que por ahí no...lo más problable es que sea no. Y no renunciar parte por trazar una nueva ruta (tal vez más larga) en pos de los mismos objetivos o de unos distintos, según sea el caso.

Yo ya borré con una goma bien grande el 2015, primer año de muchos, en que mi lista de metas quedó debiendo muchas cifras y me dejó una sensación de frustración incómoda.

Para este año me plantié las cosas de manera distinta. No trazé ningún objetivo por escrito (uff si..así de cuadrada soy), sólo pinté un frasco de colados de bebé y escribí grande afuera "Cosas buenas 2016". Es una bobería, pero fue idea de mi mamá que me dijo que mi problema era de enfoque. Que, como me gusta escribir, cada vez que me pasara algo realmente bueno este 2016, lo escribiera y lo pusiera en mi frasquito. Asi, si el año no era todo lo exitoso que yo esperaba, el 31 de diciembre iba a tener hartas razones para recordarlo con cariño leyendo todas las cosas buenas que me había dejado.

Y si, mi pierna fracturó dos veces el 2015, todavía estoy con reposo y la sensación de no haber avanzado ni un centímetro en 365 días, pero entendiendo al fin, que en este momento, toca el camino largo.