viernes, 10 de febrero de 2012

Las cosas que cambian


Así como hay recuerdos , lazos y emociones perpetuas, hay cosas que nacen destinadas a cambiar y moverse y supongo que son la mayoría. La habilidad para “desprenderse” nos permite ir renovándonos y creciendo, que, de todas las circunstacias, por absurdas o desagradables que puedan vivirse en ciertos momentos, se puede sacar algo en limpio y si no, se le puede dar una patada bien grande para lanzarla lejos (y sí, sonó tan liberador como es).

Como dice el dicho popular (y repite mi abuela): “ Lo único irremediable en la vida es la muerte”, así que despertar cada mañana ya debiera ser un motivo de alegría o al menos de esperanza si pasas por algún momento difícil. Sin embargo muchas jornadas solemos desconsolarnos por situaciones que, a la larga, sólo representaron un cambio, un movimiento no presupuestado en nuestra ruta.
El tiempo me ha demostrado que cuando las cosas cambian de rumbo sin mi permiso, era porque me estaba equivocando o pasando por alto algo, y cuando he dejado de golpearme la espalda o la cabeza con esa puerta que se cerró ( o que derechamente se convirtió en muro) hasta la salida de emergencia ha sido una opción más sana.

Si no fuera por la habilidad de las cosas para transformarse y cambiar entonces nada sería posible. ¿Te equivocaste? Remedialo ¿No se puede? Busca una alternativa ¿No te quieren? Avanza.

Una vez (ya no recuerdo hace cuanto exactamente) tuve una pesadilla que no olvidaré: Alguien o “algo” me seguía por pasillos laberínticos y estaba perdida, no había luz y tenía muchísimo miedo. Me confundían muchas puertas y personas en la oscuridad, personas que no podía reconocer y que estaban tan asustadas como yo. Entraba a una habitación, me sentaba abrazando mis rodillas para que esa “cosa” que me seguía no me encontrara, pero sabía que venía tras de mi, sabía que iba a matarme. Cuando me alcanzó y sentí su presencia cerré los ojos aterrorizada y morí. Sí, soñé que moría. Y aquí el sueño se transformaba en algo extraño, porque cuando moría salía expulsada de mi cuerpo a una velocidad infinita y me venía una felicidad inmensa porque me daba cuenta que me había convertido en una estrella... Jajaja... suena absurdo lo sé, pero se me llenaron los ojos de lágrimas mientras me elevaba a ocupar un pequeño lugar en el Universo pensando: “Soy una estrella”. Y así desperté, sollozando de felicidad, aunque cuando caí en la cuenta de que era un sueño me senté en la cama a doblarme de risa.

No, no era un sueño simbólico de una etapa difícil en mi vida intentando mostrarme el camino. Tampoco alguna idea religiosa o espiritual respecto de la muerte, porque hasta el día de hoy para mí la muerte es sólo eso: lo irremediable. Sin embargo cuando algo parece oscuro, difícil, complicado o invencible, pienso en ese sueño. No importa el miedo que tenga, libraré todas las batallas, si aún así mi estrategia falla, si aún así las cosas no salen como “se supone” deben salir, que venga lo que tiene que venir...podría ser una estrella.