lunes, 26 de marzo de 2012

El viaje definitivo


Al aterrizar en Chile, luego de dos semanas sin internet ni conexión alguna con mi gente, conecto el Iphone y lo primero que veo es un mensaje en el muro de mi hermana que dice: "Hasta siempre amigo... te extrañaremos". El corazón me da un salto.
La llamo.

-¿Ya estás de vuelta?
- Si, si.. ¿que pasó?
-... mmm ya te enteraste.
- No, no me he enterado de nada por eso te pregunto. Vi tu facebook.

Y entonces me he quedado estos dos últimos días pensando que la vida en sí misma es un viaje. Un viaje de múltiples destinos, pero con un boleto que caduca, aunque no sepas cuando.
No es que ciertas muertes anunciadas nos duelan menos, aquellas donde hay un enfermo que agoniza o se deteriora, aquellas donde el cansancio va apagando los cuerpos, sin embargo las partidas inesperadas son confusas y llenas de preguntas.

Ataque cerebral fulminante- suponen los médicos en medio de la autopsia- en alguien joven y "supuestamente" sano. Alguien que llega de sus clases en la U, se saca los zapatos, conversa con su mujer sentado en la cama y de pronto, un desmayo del que no volvió a despertar con reanimación alguna.

Así de frágil la vida. Un día cualquiera se apaga tu computadora en el cerebro, el corazón o los pulmones y se acabó, en un minuto.

Y todos sus cercanos tratando de entender que pasó, tratando de acostumbrarse forzosamente a su ausencia repentina. Temblando ante la idea de la muerte como si nos hubiese rozado el oído, como si hubiese pasado por tu lado con su aliento diciendo: para la próxima.

Espero que este viaje haya sido feliz para ti, al menos así lo parecía. Espero que tu mujer no sufra tanto tu ausencia, procuraremos hacerle compañía.

Espero que el día que la muerte me sorprenda a mí misma pueda cerrar los ojos con una sonrisa.

"Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando."
(Juan Ramón Jiménez, El viaje definitivo)