jueves, 6 de septiembre de 2012

Pausa Prescindible


Siempre me ha gustado la velocidad. Funcionar a toda máquina, con la agenda completa, corriendo para alcanzar las metas, volando por encima de las situaciones para descubrir las mejores respuestas.

Probablemente a algunos no les venga bien, pero a mi las mejores ideas me vienen siempre en el ajetreo. Las mejores cosas me pasan siempre entre otras miles, como si se fueran tejiendo en una red, sumándose.
Tengo siempre un plan A, y otro B, y si hace falta C y D (F, G,H I...)

No estoy hablando de no descansar, sino de tratar de hacer espacio a todo lo que quiero y soy. Sí, debo trabajar en un horario extenso como muchos, pero aún así coordino tiempos para el deporte, amigos, hobbies y alguno que otro proyecto nuevo.

Seguro por esa misma aficción a la velocidad es que me encanta correr y me he vuelto adicta a las endorfinas que dicha actividad libera. Dejar entrar el aire a los pulmones y expulsarlo con fuerza, descubrir  la ciudad a la velocidad de mis pasos, procesar mis ideas entre los kilómetros y descansar con ganas a la hora de dormir.

Hoy al fin vuelvo a entrenar después de una pequeña lesión en el pie izquierdo que me tuvo casi 40 días parada y un mes en tratamiento con kinesiólogo. Después de patalear por perderme las primeras carreras de la temporada.

Y estoy muy feliz, porque en este día invernal y frío, a unos pasos de la primavera, al fin retomo mis zapatillas, como si en lugar de correr fuera a volar.

Hay quienes se ponen metas grandes en la vida, gigantes, inalcanzables. Yo voy por muchas, pero pequeñas. Una detrás de la otra. Si alguna se escapa, siempre puede ser la siguiente.

Como dijo alguien por ahí: "La felicidad no está al final del camino, sino en la forma de andar".