Trozos de paraíso #Cuba

Cayo Blanco. Matanzas, Cuba.

Si existe un lugar para desconectarse, ese es Cuba. El internet es escaso y lento, mayoritariamente sin wifi, así que una vez comprobado in situ, opto por apagar el iphone (cosa que creo no había hecho jamás) los 10 días que durará el viaje.

Cabe destacar que el trayecto a Varadero desde Santiago Chile es largo, sobretodo en clase económica y con escala en Lima, tiempo promedio de 8 horas y media, que con la escala y esperas en los aeropuertos puede llegar a 10 o 12, y el transporte La Habana-Varadero suma 3 horas más.

Pero lo vale. Nada más iniciar el viaje por Matanzas y ver las casas empinadas en la orilla de un mar que parece taza de leche empieza a entusiasmar. Como llegamos de noche no vimos la playa de Varadero hasta la mañana siguiente. Un hermosa ribera color turquesa de aguas tibias y mansas con 22 kilómetros de arena blanca que recorrimos en dos días, mezclando los pasos con zambullidas reiteradas para paliar el calor.

Como en todo clima tropical, nos topamos con dos tormentas eléctricas, que se fueron tan rápido como vinieron, que se llevaron dos playas de alrededor con todo y sombrillas. Pero quedaron tan hermosas como siempre cuando el sol volvió a brillar.

Y si Varadero es hermoso, que decir de Cayo Blanco, aún más sosegado y cristalino, donde parece que las horas se detienen y el tiempo se torna infinito. Sol, mar, silencio y naturaleza. Para alguien como yo que se nutre del sol (y que seguramente en otra vida nació en el Caribe) el escenario perfecto.

Las personas y el ambiente, otro punto a favor, divertidos, amables y galantes ¡en la vida me habían dicho tantos piropos!, casi todos con una sonrisa, una conversación casual, pero íntima, que no se estila en las grandes ciudades. Vivir a otro ritmo y como si todos nos conociéramos desde siempre.

Paramos también por la La Habana Vieja y sus murallas (lo que queda de ellas) y La Habana moderna, que aunque se llame así parece detenida en 1950. No la conocimos en profundidad, pero hicimos recorridos históricos por sus calles adoquinadas, edificios patrimoniales y museos que nos dejaron encantadas. No hay nada más inspirador, para los que gustamos estudiar la historia, que transitar entre los fantasmas del pasado y ver las letras plasmadas en las paredes.

Recorriendo La Habana moderna en un Chevrolet descapotable de 1950

Como siempre, me quedé pensando que tengo que volver algún día, pero en el retorno a Santiago, mi ciudad me pareció más bonita y misteriosa, y no en desmedro de Cuba, de Varadero, ni la Habana (ni ninguna ciudad que haya visitado fuera de Chile) todo lo contrario. Cuando uno está de viaje tiene los ojos más abiertos y las ganas de descubrir más atentas. Creo que deberíamos levantarnos así todas las mañanas, ¿Que pasaría si yo no viviera acá y sólo estuviera de paso? Probablemente trataría de conocer lo máximo en el tiempo que tuviera disponible y me maravillaría con la arquitectura, el cerro San Cristóbal en medio de la ciudad, el tren subterráneo y todos los encantos que ofrece la capital.

Hacer el ejercicio diario de ser un viajero aún cuando se esté detenido, porque estar realmente detenido es imposible. ¿Las posibilidades? Infinitas.


Comentarios

  1. ooh!! el barrio encantador de los gatos y los pintores
    lo recordé

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  2. que hermoso! debo decir que me inspiras bastante, por tus ganas y tus viajes
    Gracias y Saludos!

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¿Vino por casualidad? Las casualidades no existen.

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